Vienen la elecciones y en las calles aparece un fenómeno curioso: obras por aquí, obras por allá, aceras levantadas... en fin, que cada cuatro años se despierta el monstruo dormido de las obras urbanas. ¡Hombre, tampoco hay que quejarse! Se crea empleo, se “lava la cara” a la ciudad, en muchos casos se alaba la labor del partido en el poder porque ¡al fin han hecho ese rebaje de la acera pedido por activa y por pasiva! ¡Y aún hay vecinos que se quejan! ¡Esos vecinos protestones…! ¡Mirad, hasta se quejan porque tapan con cemento los alcorques vacíos de árboles! ¿Es que no se dan cuenta que dentro de cuatro años vendrá muy bien romper de nuevo el cemento para volver a construir alcorques, plantar árboles, decir que crean empleo, aumentar la deuda municipal para poder negociar con los bancos, etc. etc.? Además, si no se tapan los alcorques vacíos los vecinos pueden caerse, herirse, hasta matarse y el Ayuntamiento no tiene dinero para cubrir el accidente: por eso manda cubrir el alcorque. ¡Ay, Señor, que nunca llueve a gusto de todos…!