Desde los orígenes de nuestra Asociación, allá por 1987, si tuviéramos que hacer un balance de la eficacia de nuestras reivindicaciones lo más probable es que en principio nos defraudara. Si este balance, en lugar de evaluar las mejoras que han repercutido en la población, fuera para contabilizar los beneficios en una empresa comercial, sería más nefasto aún, pues el promedio de dividir gestiones por resultados nos da una cifra bajísima, casi ridícula, que haría peligrar la continuidad de la empresa.
Esta reflexión nos hace, en ocasiones, dudar de nuestro esfuerzo y dedicación, de si no será que estamos equivocando nuestra tarea y pedimos cosas imposibles o irrealizables.